
Una gestoría online resuelve en horas lo que un despacho tarda días, y los planes básicos arrancan cerca de los 30€ al mes. Funciona bien si tu situación es estándar.
Deja de funcionar cuando tienes algo raro encima de la mesa: un requerimiento de Hacienda, una inspección, un socio que se va. Ahí quieres a una persona concreta al teléfono, y eso ya no cuesta 30 euros.
Aquí tienes cómo funcionan de verdad, qué incluyen, dónde están sus límites y qué comprobar antes de contratar.

Una gestoría online hace lo mismo que una de toda la vida: presentar tus modelos, registrar tus facturas y llevar tu relación con Hacienda. La diferencia está en cómo lo hace.
En lugar de llevar una carpeta a una oficina, subes las facturas a una plataforma. El sistema las lee, extrae los importes y prepara los modelos. Tú revisas y confirmas.
Lo que no es: un programa de facturación. Una herramienta que emite facturas no presenta tus impuestos ni responde ante Hacienda. Son cosas distintas y se contratan por separado, aunque algunas empresas vendan las dos juntas.
Tampoco es necesariamente asesoría fiscal. Presentar modelos y asesorarte sobre qué hacer son servicios diferentes: la distinción está explicada en qué es una asesoría fiscal.
Esto es lo que nadie te cuenta antes de contratar, y es lo que determina si la relación funciona.
Si envías tus facturas el día 18 para un plazo que vence el 20, nadie va a poder revisar si te falta algún gasto. La velocidad de la plataforma no compensa llegar tarde tú.
La cuota mensual cubre lo recurrente. Lo anual y lo excepcional casi siempre va aparte.
Normalmente incluido:
Normalmente aparte:
El desglose completo con precios está en precios de gestorías para autónomos.
El ahorro frente a un despacho tradicional existe, pero es menor de lo que sugiere la publicidad.
Un plan básico online arranca cerca de los 30 euros al mes. Uno con asesor asignado se pone en 65 u 80, que ya es territorio de despacho pequeño. Y una sociedad limitada se va a partir de 150.
Lo que suele abaratarse no es tanto la cuota como lo que va incluido en ella. Por eso el precio anunciado dice poco si no miras al lado qué cubre.
Tres cosas que descolocan la comparación:
No es magia. Es que el coste de atenderte es menor.
Automatizan la parte repetitiva. Leer una factura y volcar los importes lo hace el sistema, no una persona.
No tienen oficina que pagar ni personal atendiendo mostrador. Y estandarizan: atienden a miles de autónomos con la misma casuística, así que el caso número mil les cuesta mucho menos que el primero.
El ahorro es real en los planes básicos. En cuanto quieres una persona asignada, la diferencia con un despacho pequeño se estrecha bastante.
Esta es la parte que ninguna gestoría online publica sobre sí misma.
Nada de esto las descarta. Significa que hay que elegir con los ojos abiertos.
No es una cuestión de moderno contra anticuado, sino de qué tipo de relación necesitas.
Elige online si: tienes una sola actividad, clientes españoles, gastos previsibles, no tienes trabajadores y te manejas bien subiendo cosas a una app.
Elige despacho tradicional o mixto si: tienes una sociedad, trabajadores, ingresos de varias fuentes, operaciones internacionales, o te ha llegado algo de Hacienda que no entiendes.
La opción que suele salir mal es la intermedia mal elegida: pagar precio de despacho para recibir servicio de plataforma. Ocurre más de lo que parece, y por eso importa preguntar quién lleva tu expediente.
Cinco preguntas. Ninguna es incómoda para un servicio serio.
Y una comprobación que ahora mismo pesa mucho: si te dan software de facturación incluido, pregunta si está certificado para Verifactu. Será obligatorio el 1 de enero de 2027 para sociedades y el 1 de julio de 2027 para autónomos.
El orden importa más que la fecha.
El punto tres es el que más se olvida. Si no revocas la representación, tu gestoría anterior sigue recibiendo tus notificaciones de Hacienda y tú no te enteras.
Hazlo al cerrar trimestre. Cambiar a mitad obliga a reunir datos de dos sitios para la misma declaración.
Sí, con las mismas obligaciones legales que una presencial. Lo que cambia no es la fiabilidad del trámite, sino el tipo de atención: menos personalizada y más estandarizada.
Los planes básicos arrancan sobre los 30 euros al mes y los que incluyen asesor asignado se mueven entre 60 y 80. Una sociedad limitada se va a partir de 150. Todos esos precios son sin IVA, así que suma un 21%, y la declaración de la renta casi siempre va aparte, desde unos 40 euros.
Un programa emite facturas. Una gestoría presenta tus impuestos y te representa ante Hacienda. Son servicios distintos, aunque algunas empresas los vendan juntos.
No. Tienes que otorgarle expresamente la representación, y puedes revocarla cuando quieras. Sin ella no pueden recibir tus notificaciones ni actuar en tu nombre.
Depende del servicio y del precio. Una SL implica contabilidad formal y depósito de cuentas anuales, y eso se cobra aparte: los planes para sociedades arrancan sobre los 150 euros al mes. No lo cubren los planes de autónomo.
El obligado tributario eres tú, así que Hacienda te reclama a ti el recargo. Después puedes reclamárselo a la gestoría, y ahí importa si tiene seguro de responsabilidad civil. Pregúntalo antes de contratar.
Sí. Puedes presentar todos tus modelos desde la Sede Electrónica de la AEAT con certificado digital. Lo que decide es el coste de tu tiempo y el riesgo de dejarte gastos deducibles por el camino.